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1984 de George Orwell (1903-1950) nos transporta hacia la época del estalinismo soviético y el nazismo alemán. Es la historia de un miembro del partido, Winston Smith, quien se rebela contra el despotismo del Gran Hermano y del “Ingsoc” (socialismo inglés) que gobernaban en Oceanía.


Este es uno de los tres grandes Estados en que se encuentra dividido el mundo y que está en guerra permanente con los otros, Eurasia y Asia Oriental, gobernados por el Neobolchevismo. 

El libro presenta la supervivencia en un sistema totalitario que interviene los medios de comunicación y controla exhaustivamente la vida de sus ciudadanos. Esto demuestra la importancia que tiene hoy el manejo de los mismos y como, mediante ellos, uno puede ser registrado y vigilado. 

Actualmente, el fenómeno de la “globalización” y los adelantos tecnológicos proporcionan características ambiguas, por un lado, facilita la comunicación con el resto del mundo, no obstante estos cambios permiten también una mayor observación del individuo por parte de gobiernos u entidades. 

Internet, las cámaras de seguridad, los porteros con visores, etcétera son herramientas que pueden ser utilizadas para la protección, aunque también para el control de las personas. Incluso, con la utilización de las tarjetas de crédito y de débito, hoy es sencillo las operaciones económicas de un ciudadano y, así, poder ver en qué ámbito se maneja. 

Conjuntamente, la población puede sentirse perseguida y padecer de paranoia. Psicosis crónica caracterizada por un delirio más o menos sistematizado, el predominio de la interpretación, la ausencia de debilitación intelectual, y que generalmente no evoluciona hacia la deterioración[1]

Orwell manifiesta esto en una situación que vive Winston, el protagonista, cuando va a la casa del vecino: 

“-¡Arriba las manos! – ordenó de pronto una voz en tono agrio y enérgico. Por detrás de la mesa asomó un chico de nueve años, bien parecido aunque de rudo continente, que apuntaba a Winston con una pistola automática de juguete (…) Levanto Winston los brazos en alto, sin tenerlas todas consigo, pues la feroz expresión de aquél chico era como para pensar que la cosa iba de veras.”[2]

Por su parte, Sigmund Freud (considerado el padre del psicoanálisis) señalaba que el mecanismo fundamental de la paranoia es la proyección, una percepción interna que es sofocada y lleva a la conciencia su contenido luego de experimentar cierta distorsión de lo que se percibe en el exterior[3].


No obstante, No sería la paranoia personal lo que excita la imaginación de Orwell, sino los acontecimientos históricos del momento[4] que lo lleva a imaginar mundos siniestros. En la actualidad, también siguen habiendo guerras no una de carácter mundial, pero si varias alrededor del mundo (EEUU- Irak, Israel-Palestina, etc.). Sin embargo, la mayoría de los países del mundo tiene incidencia en ellas, aunque no sea de manera bélica, si con influencia económica y política. 

Orwell ya lo predijo en este libro:

“(…) los elencos gobernantes lejos están de hacerse la guerra en forma contra un enemigo exterior, pero sí los hacen contra sus propios súbditos y su objeto no es el de conquistar o impedir la conquista de territorios, sino el de mantener intacta una determinada estructura social.”[5]


Un mundo seguro debe tener control de su funcionamiento pero no de sus personas, ya que una excesiva vigilancia de las mismas puede llevar hacia la paranoia, lo que reprimirá sus capacidades. Esto podría provocar una implosión de su espíritu, lo que produce enfrentamientos que ponen en peligro su propia vida, como la de los demás. 

Lamentablemente, muchos líderes mundiales utilizan esta psicosis para su beneficio ideológico y personal, así inventan sus propios enemigos para hacer guerras que les proporcionan un alto rédito económico.

PARANOIA – ¿Qué es? Causas, síntomas y tratamiento

Por Cesar Luis Muzi

Magíster en Medios & Comunicación Management en Macromedia University (Múnich, Alemania). Licenciado en Periodismo en la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina). Fotógrafo profesional de Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) y de la Escuela Argentina de Fotografía (EAF) con Alfredo Willimburgh.

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