¿Cómo querés que te recuerden?

Las elegías tan formales del pasado son hoy un posteo en facebook cuando alguien muere. Los géneros cambian pero hay algo de lo humano que nos atraviesa, sea éste el siglo XXI o estemos hablando del XVIII. Cuando suenan las campanas del pueblo, sabemos que hay misa o alguien se fue. Esta práctica nos conecta con el pasado, es una práctica rural, en las ciudades no se escucharían las campanadas entre tantos motores. El paisaje rural, el cementerio, los árboles, la muerte, las despedidas, lugares donde fuimos niños. Así como una ruta conecta campo y ciudad, un poema puede recorrer experiencia y realidad. Podemos con algunos libros vivir más vidas, más tiempos y en este caso, un poema del siglo XVIII es la banda de sonido de un 2020 que va pasando y nos enfrenta a un paredón de niebla que no podemos (de)velar.

Los poetas románticos ingleses creían que la poesía estaba en el lenguaje del habla y, especialmente, en aquellos paisajes rurales que se mantenían alejados de la tarea y ritmos fordistas. En lo rural, y en la infancia se albergaba la poesía en tanto despojada de los engranajes de la producción y la creencia en el progreso indefinido. Eso hoy no es tan así porque el capitalismo está en el aire, y en todos lados.

Elegy written in a country Churchyard” de Thomas Gray es un poema de transición en la misma manera que el 2020 es aparentemente una transición. En Gray sabemos que sigue el romanticismo inglés, “La Balada del Marinero” de Coleridge[1], o “Tiger, tiger” de William Blake, incluso, en novela Frankenstein de la genial Mary (Wollstonecraft) Shelley. Es decir, después de la transición vienen cosas buenas, o al menos tan buenas como. Pero en nuestra transición 2020, parte de la angustia pasa por no saber qué hay que enterrar, dónde está el duelo.

Atardecer, campanas de iglesia, y el ruido a nada que no es más que ruido a campo. Silencio. Pero el silencio no existe: hay un escarabajo que aletea, una lechuza, las campanas. En el poema el día se va y deja esa cosa invisible, pesada, y terminal que es el silencio en el campo. Pasan animales tras un labrador cansado, hay una loma, olmos, y los forefathers[2] del poblado que descansan en celdas; éstas imágenes pasan y dejan al lector solo con el campo y sus ideas. Así siento que pasan estos meses 2020 y nos dejan en silencio al atardecer frente a eso que despedimos y no sabemos qué es. ¿Veinte veinte, cómo querés que te recuerde?

Camino al cementerio de Cabildo

The curfew tolls the knell of parting day

The lowing herd wind slowly o’er the lea,

The plowman homeward plods his weary way,

And leaves the world to darkness and to me.

Now fades the glimm’ring landscape on the sight,

And all the air a solemn stillness holds,

Save where the beetle wheels his droning flight,

And drowsy tinklings lull the distant folds;

Save that from yonder ivy-mantled tow’r

The moping owl does to the moon complain

Of such, as wand’ring near her secret bow’r,

Molest her ancient solitary reign.

Beneath those rugged elms, that yew-tree’s shade,

Where heaves the turf in many a mould’ring heap,

Each in his narrow cell forever laid,

The rude forefathers of the hamlet sleep.[3]


[1]  La banda Iron Maiden tiene una versión “heavy” muy interesante.

[2] Y foremothers claro.

[3] Poema completo en https://www.poetryfoundation.org/poems/44299/elegy-written-in-a-country-churchyard

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