En tu mente da vueltas ese trabajo pendiente que nunca terminas, hacer un control médico, pero no pedís ese turno nunca, el libro que compraste esta arriba de la mesita de luz y solo leíste dos páginas, un examen final espera ser rendido, pero siempre cambias la fecha para más adelante.

Según estudios 9 de cada 10 personas tendemos a procrastinar, es decir a posponer las tareas. Según la Real Academia Española proviene del latín procrastināre, donde “pro” significa adelante y “crastinus” hace referencia al  futuro. Se puede entender como, dejar para el futuro aquello  que hay que hacer en el presente, tanto se trate de actividades como situaciones. Cambiamos nuestros deberes  por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes.

¿Por qué evadimos las cosas que tenemos que hacer?, generalmente las causas son:

  • La tarea es muy compleja y da miedo.
  • Temor a enfrentar lo nuevo, o a cierta persona, o un  problema.
  • Buscas la perfección en todo, entonces sentís que aún tenes que revisarlo.

Ese tener que hacer es el que nos hace mal y además al no afrontar esa tarea, se siente frustración por no llegar al resultado, angustia y decepción. Dejar lo importante por lo urgente, es lo que vamos haciendo sin darnos cuenta.

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¿Qué podemos hacer?

Aprender a gestionar el tiempo, poner orden a nuestra tarea en función a la importancia, es de mucha ayuda planificar, fijarse prioridades, para tratar de evitar imprevistos que roban el tiempo. Incorporar herramientas como la agenda en papel, donde diagramamos el mes, la semana y el día. Saber lo que tenemos que hacer nos organiza, nos hace más productivos, actualmente existen muchas aplicaciones de agenda y lista de tareas, como el calendario de Google, ya sea un pizarrón de corcho en la casa, papeles ayuda memoria, o listas de tareas. Uno debe hallar la forma más adecuada, la que más nos sirve, ir probando hasta encontrarla.

Cambiar nuestra conversación interna, cambiar el “tengo que” por el “quiero hacerlo”.

Aprender a decir NO, y no sentirnos culpables, elegir decir NO.

También si cierta tarea nos da angustia  porque es nueva, desconocida, estudiar sobre ese tema, capacitarse, consultar a otras personas sobre su experiencia en el asunto, nos da la tranquilidad de que estamos actualizados y asesorados de la mejor forma.

Iniciar el día con la tarea más compleja, la que menos nos gusta, libera nuestra mente y sentiremos una sensación de que ya nos sacamos de encima lo más pesado, trabajando más relajadamente. Las horas de la mañana generalmente son las mejores, porque estamos descansados y pensamos de forma renovada.

Además fraccionar  un trabajo complejo, en pequeños pasos y poniendo una meta cada día, lograremos concluir con seguridad nuestro proyecto.

No olvidarnos de realizar deporte, descansar adecuadamente, vivir en el presente, priorizando, evitando pasar de una cosa a otra, esto nos hace perder el enfoque y la concentración. Nuestra mente se asemeja  a ese celular que tiene muchas aplicaciones abiertas y se vuelve lento, asimismo nos sucede a cada uno de nosotros.

No olvidemos consultar a un profesional si sentimos que la situación nos desborda.

Buscar la forma de dejar de procrastinar, de esperar, de posponer, de atrasar sin sentido; hará que nos ayude a ser cada vez más eficientes, más productivos y felices por la tarea cumplida.

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Por Mariana Lucarelli

Contadora Pública. UNS. Capacitadora.

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