El jueves 10 de noviembre se debatió en sesiones extraordinarias en la Cámara de Diputados el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo y el proyecto de 1000 días (ambos presentados por el ejecutivo).

¿De qué trata este nuevo proyecto? Ya que es distinto al presentado en el 2018 por la Campaña Nacional por el aborto legal.

Tanto el proyecto del ejecutivo, como el de la campaña prevén trato digno, privacidad, confidencialidad, autonomía de la voluntad, acceso a la información, transparencia activa y atención de calidad. Ambos proyectos incluyen la práctica de aborto en el Plan Medico Obligatorio, prevén la gratuidad y cobertura total en obras sociales y prepagas.

Las diferencias radican en el plazo para garantizar la practica, ahora de diez días, en la penalización, ya que penaliza a las mujeres o personas gestantes que se realicen un aborto luego de las 14 semanas cuando no se den las causales de riesgo a la vida o a la salud integral o violación, y la diferencia radical con el anterior es que incluye objeción de conciencia personal o individual sólo para quien realiza la práctica.

El proyecto de los mil días busca acompañar la maternidad y las infancias en sus primeros años de vida con el fin de reducir la mortalidad, la mal nutrición y la desnutrición, proteger los vínculos tempranos, el desarrollo físico y emocional, la salud de manera integral, y prevenir la violencia.

El jueves oímos todo tipo de atrocidades, desde la mujer como mera incubadora (recordemos que en el debate del 2018 se la había comparado con perras), pocos argumentos sin tener en cuenta la experiencia personal, los mínimos fueron los que utilizaron evidencia científica real. La diputada Rezinovsky sugirió “¡¿Por qué no sacan a Dios de la Constitución si tanto molesta?!

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es la bandera de la campaña, de esta marea verde. Las mujeres y cuerpos gestantes reclaman y luchan por autonomía sobre sus cuerpos atravesados por la desigualdad de clases. La realidad es que el aborto existe, las pibas abortan en pésimas condiciones, las pibas pobres mueren y las otras no porque pueden pagarlo en mejores condiciones.

La votación estaba programa en un principio para las 2:30 am del día viernes 11, se demoró y terminó siendo el día 11 a las 7:30 am sesionando casi 20hs seguidas. Presidida por Sergio Massa, actual presidente de la Cámara de Diputados.

El 29 de diciembre tiene fecha en la Cámara de Senadores en la cual el panorama es otro, ya que en el 2018 no obtuvo la media sanción. Se prevé una reñida votación y se especula el desempate de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La resistencia sigue en las calles, lejos de ser una conquista del Presidente Alberto Fernández, se valora y reconoce la puesta en marcha de una agenda en la cual las cuestiones de género estén presentes, pero la realidad es que es una conquista con mucha historia, una conquista de las pibas.

La esperanza sigue intacta, el feminismo no es un “pequeño charquito verde”, es una marea enorme, cuando el Estado no está con políticas públicas, ahí está la militancia.

Foto: https://www.instagram.com/fotos.limon/

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