El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT+ en conmemoración a la Revuelta de Stonewall de 1969. Esa noche, la policía de Nueva York intentó arrestar a varias personas LGBT+ que estaban reunidas en el bar Stonewall Inn. Aunque las detenciones eran algo habitual, en esta oportunidad las personas (gays, lesbianas, bisexuales, travestis y queer), cansadas del hostigamiento permanente, respondieron a los abusos policiales con una revuelta que se extendió por varios días y que marcó el inicio del movimiento moderno por los derechos LGBT+ en el mundo entero.

Este movimiento que nace con la revuelta de Stonewall a nivel internacional abre nuevos caminos en la lucha por los derechos humanos de la comunidad LGBT+. La discriminación, patologización y criminalización contra lesbianas, travestis, trans, gays y bisexuales es puesta en cuestión desde un movimiento que sale a la escena pública para visibilizar y celebrar la diversidad sexogenérica. El arcoíris se volvió símbolo y bandera de las desobediencias al mandato de heterosexualidad obligatoria y de binarismo sexual. En ese mismo contexto también surgía la denominada segunda ola del feminismo donde aparecen las voces de lesbianas feministas que hacen un valioso aporte a la crítica de la heterosexualidad como única norma de relación.

En nuestro país, las acciones pioneras de Carlos Jáuregui, Ilse Fuskova y Claudina Marek, entre otras personas, permitieron retomar la lucha por los derechos de la comunidad LGBT+ con el retorno a la democracia, con el objetivo de construir y fortalecer el movimiento a partir de la organización de las primeras marchas del orgullo. Marchas que con el correr de los años se volvieron multitudinarias y que fueron fundamentales para la conquista de los derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos.

La primera marcha del Orgullo LGBT+ en Argentina fue en el año 1992. Participaron alrededor de trescientas personas, muchas con máscaras para evitar ser reconocidas. En 1997 se decidió cambiar la fecha y trasladar la marcha y la celebración de junio al mes de noviembre para resguardar del frío a las personas participantes con VIH/SIDA. Además, el mes de noviembre de ese año fue una fecha significativa para la comunidad LGBT+ argentina, ya que el primero de noviembre se cumplía el trigésimo aniversario de la fundación del colectivo Nuestro Mundo, que fue la primera organización disidente de nuestro país y de América Latina.

Ambas fechas, relacionadas al movimiento LGBT+, nos recuerdan las luchas y movilizaciones de ese colectivo que contribuyeron a ampliar el marco de derechos en el mundo y en nuestro país.

En la actualidad, la Argentina cuenta con la Ley N° 26.618 de Matrimonio Igualitario, del año 2010; la Ley N° 26.743 de Identidad de Género, del año 2012 y la Ley N° 27.636 de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero, del año 2021, que lleva el nombre de dos de sus históricas referentes, Diana Sacayán y Lohana Berkins.

A pesar de estos avances a nivel local, la protección legal del colectivo LGBT+ aún es insuficiente en muchos países porque existen barreras culturales que suelen actuar como obstáculos para desarrollar una vida libre de violencias. En ese contexto, marchar con orgullo constituye una respuesta al estigma, la discriminación y las violencias ya que tal y como el imprescindible Carlos Jáuregui afirmó en una de sus célebres frases: “En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”.

Respetar la diversidad en el habla: El lenguaje inclusivo o no sexista

En relación con esta fecha nos referimos a la comunidad LGBT+ sin desconocer que existen identidades tales como intersexuales, transgénero, transexual no binarie y queer que se encuentran incorporadas en la representación del signo + (más). Ese signo representa un intento de no dejar afuera a nadie en las maneras de decir. 

Sabemos que el lenguaje se encuentra en constante revisión y movimiento, es dinámico y se ha ido modificando con el tiempo. Asimismo es un campo de disputa de sentidos y no está resuelto el debate ni saldada la diversidad; la dinámica propia del habla irá haciendo lugar a nuevas formas de nombrarnos.

Entendemos que el uso del lenguaje inclusivo implica desaprender, revisar y deconstruir desde el enfoque de derechos muchas de las formas de nombrar o no y de interpretar el mundo discursivamente. Otras maneras, que aún se encuentran en construcción, nos interpelan a reflexionar acerca del rol que nuestras palabras/discursos tienen en el camino a la igualdad de género.

By Cesar Luis Aguero

Bachiller con Orientación Rural en Centro Educativo para la Producción Total N3 pje Don Alfredo, Emprendedor, Diplomado en Periodismo Digital, conocimiento en BPM, POES, coordinador de eventos sociales, compras insumos, Runner.

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