En el marco de la sección Destinos de Temporada del programa Tarde de Verano, se realizó una entrevista telefónica con Carlos “Cali” Peciña, vecino de la localidad de El Perdido – Estación José Guisasola, quien brindó a la audiencia una completa y apasionada descripción de su pueblo, combinando historia, identidad, tradiciones y propuestas turísticas emergentes.

Con la consigna de “prepararse para viajar, aunque sea solo con los oídos”, el ciclo volvió a poner en valor a las pequeñas localidades del sur de la provincia de Buenos Aires, acercando al público historias que muchas veces no figuran en los libros, pero sí viven en la memoria cotidiana de sus habitantes.

Una charla radial para viajar con los oídos: El pueblo de los dos nombres

La particularidad que distingue a El Perdido: es su doble denominación. Tal como explicó Cali, el pueblo se llama El Perdido, mientras que la estación ferroviaria lleva el nombre de José A. Guisasola, en homenaje a un importante benefactor que influyó decisivamente en el desarrollo local a comienzos del siglo XX.

El cambio de nombre de la estación se produjo en 1928 y, con el paso del tiempo, el uso cotidiano del ferrocarril hizo que muchos viajeros comenzaran a identificar al pueblo únicamente como Guisasola, generando una confusión que terminó formando parte de la identidad local. Recién en la década del 80 se recuperó oficialmente el nombre original, quedando finalmente como El Perdido – Estación Guisasola, una denominación poco común en la provincia.

el perdido

Lejos de ser un simple dato administrativo, esta doble denominación funciona hoy como una verdadera marca cultural. En lugar de intentar corregir la confusión, el propio pueblo la asumió como parte de su identidad, transformando lo que podría haber sido un problema en un rasgo distintivo.

En tiempos donde muchos destinos buscan diferenciarse a través del marketing, El Perdido lo hace desde su propia historia: un nombre que despierta curiosidad, genera conversación y refleja, de algún modo, la esencia de los pueblos ferroviarios, donde las decisiones tomadas hace casi un siglo siguen influyendo en la vida cotidiana de las generaciones actuales.

Ubicación estratégica y sentido de pertenencia

El Perdido se encuentra sobre la Ruta Nacional Nº 3, a la altura del kilómetro 577, un punto clave para quienes transitan entre Bahía Blanca, Monte Hermoso, Dorrego y otras localidades de la región. Esta ubicación, sumada a su acceso asfaltado y arbolado, lo convierte en un lugar fácilmente accesible y visualmente atractivo para el visitante.

Con alrededor de mil habitantes, el pueblo se caracteriza por su fuerte sentido de pertenencia, sus barrios históricos, su vida comunitaria activa y el permanente esfuerzo de sus vecinos por sostener instituciones, clubes y espacios sociales que siguen siendo el corazón de la vida cotidiana.

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La pileta municipal, un orgullo del pueblo

Uno de los grandes atractivos destacados durante la entrevista fue la pileta municipal gratuita, una obra emblemática inaugurada hace más de cinco décadas y que hoy continúa siendo uno de los principales puntos de encuentro de El Perdido durante la temporada estival. Para varias generaciones de vecinos, la pileta no es solo un espacio recreativo, sino parte fundamental de su historia personal y colectiva.

Con amplias dimensiones, sectores de profundidad, guardavidas permanentes, kioscos, parrillas y zonas de sombra, el predio se transforma cada verano en un verdadero centro social a cielo abierto. Allí confluyen chicos, jóvenes, adultos y adultos mayores, en una convivencia cotidiana que fortalece los lazos comunitarios y mantiene viva una forma de compartir que en muchos lugares ya se ha perdido.

“La pileta nos crió a todos”, podría resumir el sentimiento de muchos vecinos. Es el lugar donde se aprendió a nadar, donde se jugaron los primeros partidos improvisados, donde se hicieron amistades que aún perduran y donde se vivieron veranos enteros sin necesidad de grandes viajes ni consumos.

En tiempos donde el ocio suele asociarse al gasto, al traslado constante y a las pantallas, la pileta de El Perdido representa un modelo distinto: el del disfrute cercano, accesible y compartido. No se trata solo de refrescarse, sino de encontrarse, conversar, jugar al truco bajo la sombra o simplemente mirar pasar la tarde.

Como bien señalaba Cali durante la entrevista, hoy que los chicos viven hiperconectados a los celulares, en la pileta todavía se conservan juegos que atraviesan generaciones: la mancha, el indio al agua, las carreras de un borde al otro. Pequeñas escenas que parecen simples, pero que construyen memoria, pertenencia e identidad.

En definitiva, la pileta municipal no es solo una obra pública: es un símbolo de comunidad, un espacio donde el verano se vive sin apuros, donde el tiempo parece ir más lento y donde El Perdido reafirma, año tras año, que la verdadera riqueza está en compartir.

Turismo rural: una propuesta que crece

Otro de los temas centrales fue el desarrollo del turismo rural, impulsado por el grupo La Flor del Perdido, una iniciativa integrada por vecinos que ofrecen distintas experiencias vinculadas al entorno productivo y cultural del lugar.

Entre las propuestas se destacan:

  • Visitas a hornos de ladrillos tradicionales, donde se puede conocer el proceso artesanal completo.
  • Alojamientos rurales en antiguas casas de campo.
  • Gastronomía casera, asados y productos regionales.
  • Producción de aceite de oliva, actividad que posiciona a la zona como parte de la capital provincial del olivo.
  • Recorridos históricos por la estación, el Club Progreso, la capilla y otros espacios patrimoniales.

Desde el grupo remarcan que el turismo rural es una experiencia programada, basada en reservas previas y atención personalizada, donde el visitante no solo recorre un lugar, sino que se integra a su historia y a su gente.

Tradición y eventos que convocan

La identidad cultural también se expresa en las actividades de la Agrupación Gaucha “Los de Fierro”, que organiza cada año cabalgatas, festivales folklóricos, jineteadas y encuentros tradicionalistas, con fuerte participación regional.

Estos eventos no solo fortalecen las tradiciones, sino que generan movimiento económico, turismo y un renovado sentido de orgullo colectivo, reafirmando el rol de las instituciones intermedias como pilares fundamentales en los pueblos del interior.

La radio como puente entre comunidades

En el cierre de la entrevista, Cali reflexionó sobre el valor de la radio como herramienta de comunicación y encuentro. En tiempos de inmediatez digital, destacó que la radio sigue siendo una compañía cotidiana, capaz de unir pueblos, contar historias y construir redes entre comunidades que comparten raíces, afectos y proyectos.

Carlos "Cali" Peciña

La charla dejó en claro que El Perdido no es solo un nombre llamativo, sino un lugar lleno de vida, memoria y potencial. Un pueblo que, lejos de estar perdido, se encuentra más vigente que nunca en la construcción de su propia identidad y en la apuesta por un turismo cercano, humano y con sentido.

Conoce El Perdido en el siguiente enlace:

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By Cesar Luis Aguero

Bachiller con Orientación Rural en Centro Educativo para la Producción Total N3 pje Don Alfredo, Emprendedor, Diplomado en Periodismo Digital, conocimiento en BPM, POES, coordinador de eventos sociales, compras insumos, Runner.

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