Un proyecto de ley presentado por la diputada bonaerense Maité Alvado busca modificar la Ley 11.748 para prohibir la venta, el expendio o el suministro de bebidas energizantes a menores de 18 años en la provincia de Buenos Aires.

Prohibir bebidas energizantes.
La iniciativa pone el foco en la salud adolescente, tras advertir que estos productos con componentes estimulantes se consumen de forma creciente y sin la debida conciencia de sus posibles efectos adversos
Según la diputada, muchos chicos beben estas bebidas antes de hacer deporte o simplemente para mantenerse despiertos, sin saber que su uso excesivo puede desencadenar arritmias, ansiedad o trastornos del sueño. Alvado señala que, a diferencia de las bebidas alcohólicas, los energizantes no tienen actualmente una regulación clara que limite su acceso para menores, a pesar de contener sustancias muy potentes como cafeína, taurina, guaraná o ginseng, capaces de alterar el ritmo cardíaco, la presión arterial y el sistema nervioso.
El proyecto propone que todos los comercios en la provincia de Buenos Aires no puedan vender estas bebidas a menores, bajo pena de multas, clausuras temporales o definitivas, y decomiso de los productos. También exige que cada punto de venta exhiba un cartel visible con la leyenda: “Se encuentra prohibida la venta de bebidas energizantes a menores de 18 años”. La iniciativa prevé además campañas de difusión para promover hábitos más saludables, especialmente en escuelas y espacios deportivos.
Composición y riesgos para la salud
Uno de los puntos centrales del proyecto es la definición de qué se entiende por “bebida energizante”: no solo las más conocidas como Red Bull o Monster, sino aquellas que se comercializan con la idea de “estimular”, “dar energía” o mejorar el rendimiento, y que contienen estimulantes del sistema nervioso central como cafeína, taurina, guaraná, ginseng o glucuronolactona.
Los datos aproximados citados en los fundamentos son alarmantes: se consumen unos 125 millones de latas de energizantes por año en Argentina. Además, estas latas pueden tener concentraciones de cafeína que van desde 75 hasta 260 mg, según el tamaño, y niveles muy elevados de azúcar (entre 30 y 70 gramos por porción, lo que equivaldría a hasta 15 cucharaditas).
Los riesgos para la salud no son menores: presión arterial elevada, taquicardia, irritabilidad, ansiedad, depresión e incluso arritmias. También se hace hincapié en una conducta preocupante: algunos adolescentes mezclan estas bebidas con alcohol, lo que puede “enmascarar” la sensación de ingesta alcohólica y aumentar el peligro de intoxicación.
Antecedentes internacionales y regulaciones existentes
Este proyecto bonaerense no surge en un vacío: en varios países ya existen regulaciones similares. Por ejemplo, Kazajistán ha prohibido la venta de bebidas energéticas a menores de 21 años, en una medida impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para frenar enfermedades no transmisibles asociadas al consumo excesivo de azúcar y estimulantes.
En Polonia, a partir de 2024, se prohibió la venta de bebidas con cafeína o taurina a menores de 18 años. Además, en países como Lituania también existen límites legales de cafeína para las bebidas que pueden venderse a menores, y algunas regulaciones exigen advertencias claras en el etiquetado.
A nivel nacional, ya hubo proyectos similares en Argentina. Por ejemplo, un proyecto del Senado propuso prohibir la venta de energizantes a menores y que solo se vendan en farmacias, con leyendas de advertencia en los envases sobre los riesgos para la salud. Además, algunas jurisdicciones locales ya aplican normativas más restrictivas: en el Departamento General San Martín, una ordenanza prohíbe la venta de energizantes a menores y exige carteles en los comercios.
Perspectiva informática y de salud pública
Desde el punto de vista informático y de salud pública, este tipo de regulaciones también pueden apoyarse en datos y tecnología. Por ejemplo:
- Sistemas de verificación de edad digital: al incluir la venta online, se podría implementar un sistema de verificación de identidad con documentos digitales para evitar que menores compren estas bebidas por internet.
- Monitoreo de consumo con big data: las autoridades sanitarias pueden usar datos de ventas (“data de puntos de venta”, cadenas de retail) para mapear dónde se consumen más estas bebidas y dirigir campañas educativas.
- Aplicaciones de salud digital: los adolescentes podrían usar apps de control de consumo que alerten al usuario cuando se superan niveles peligrosos de cafeína acumulada durante el día, similar a apps que controlan consumo de azúcar o de alcohol.
- Regulación digital del etiquetado: se puede exigir que los envases incluyan códigos QR que redirijan a información oficial sobre los riesgos, estudios científicos, dosis recomendadas, y los efectos en el sistema nervioso.
Conclusión
El proyecto de Maité Alvado apunta a cerrar un vacío regulatorio que pone en riesgo a los adolescentes en la provincia de Buenos Aires. Frente a un consumo en alza, el respaldo de organismos de salud y el ejemplo de otros países muestran que la prohibición no es una idea descabellada, sino una medida preventiva con base científica. Si se aprueba, no solo marcaría un antes y un después en la regulación local, sino que podría incentivar otras provincias a seguir el camino, sumando tecnología y políticas más sofisticadas para proteger la salud de los más jóvenes.

