En una nueva entrega de la sección “Postales” del exitoso ciclo radial Tardes de Verano, conducido por Daniel Lorre y Cesar Agüero, la docente y guía de turismo Cecilia González volvió a encender los motores de su “colectivo imaginario”. En esta participación, el recorrido nos llevó por la ruta 228 para desembarcar en una ciudad que combina historia, naturaleza y una mística particular: Necochea.
Una guía que es “parte de la casa”
Lo que comenzó como una colaboración ocasional se ha transformado en un clásico de los sábados. Cecilia González ya es una integrante más del equipo de Tardes de Verano. Con otra entrega consecutiva, ha logrado lo que pocos: ubicar al oyente geográficamente a través del éter. “Nos sube a ese colectivo imaginario y nos va llevando a conocer lugares que por ahí desconocemos y tenemos tan cerca”, comentaron los conductores al abrir el segmento, destacando la capacidad de Cecilia para combinar sus dos pasiones: la pedagogía de la docencia y la precisión del guía de turismo.
El arribo: Entre el río, el puerto y el silencio
El relato de esta semana retomó el camino justo donde quedó la anterior: en el acceso a Necochea. Cecilia sugirió una entrada estratégica por la Avenida 59, esa arteria que desemboca directamente en el corazón del puerto.
La primera postal descrita fue la de la Escollera Sur. Allí, el paisaje se detiene. Es el reino de los pescadores, donde el código de convivencia dicta un silencio casi sagrado para no espantar la fauna. “Una hermosa opción para pasar una tarde entre mates y tranquilidad total”, describió González, recordándonos que el turismo no siempre es vértigo, sino también contemplación.

Una ciudad de contrastes: Del esplendor de 1881 a la nostalgia del Casino
Con la rigurosidad histórica que la caracteriza, Cecilia recordó que Necochea fue fundada en 1881. Esa carga de años se siente en sus calles, en su trazado y, lamentablemente, en sus heridas arquitectónicas.
El punto de mayor peso emocional en la crónica fue el estado del Casino. Los conductores coincidieron con la cronista en la tristeza que genera ver ese edificio inmenso y emblemático en un estado “deplorable“. Entre rumores de remate y la necesidad de una inversión millonaria, el Casino sigue siendo esa postal pendiente que la ciudad le debe a sus visitantes. A pesar de esto, el consenso en el estudio fue claro: Necochea es mucho más que sus edificios; es una experiencia de naturaleza y paz.


Geografía de la arena: 60 kilómetros de posibilidades
La descripción técnica de la costa fue exhaustiva. Cecilia invitó a los oyentes a elegir su propia aventura:
- La Villa Balnearia: Con sus playas céntricas, ideales para estos días donde el verano se despide y la menor afluencia de gente permite disfrutar de atardeceres más íntimos.
- El Sur Salvaje: Mencionó los Molinos de Viento y el balneario Los Ángeles, puntos para quienes buscan desconexión total.
- Quequén: Con su mar más “bravo” y sus paisajes recortados, una opción que Daniel y César destacaron como fundamental en el circuito regional.
- El Refugio Verde: Para los días de viento o frescura, el Parque Miguel Lilio se erige como el pulmón necesario para el mate reparador.



Economía y Sabor: “Para todos los gustos y bolsillos”
Un dato no menor para la audiencia de Tardes de Verano fue el relevamiento gastronómico. Según González, Necochea sigue siendo una opción accesible. Desde las pescaderías del puerto con platos de frutos de mar frescos, hasta las clásicas parrillas, pastas y hamburgueserías de la peatonal. La oferta es tan amplia como la ciudad misma, que no solo vive del turismo, sino que mantiene una pujante actividad judicial, comercial y agropecuaria.
El cierre: Una invitación abierta
“El cielo celeste de Necochea es lo que más me atrapa”, confesó Cecilia hacia el final de su intervención, dejando en el aire esa sensación de libertad que solo el mar puede dar. La invitación quedó hecha: ya sea para una escapada en la próxima Semana Santa o para ir programando el verano que viene, Necochea espera con sus 60 kilómetros de costa y su mística intacta.
Con un “hasta la próxima parada“, Daniel Lorre y César Agüero mandaron a pausa, dejando a la audiencia con el gusto a salitre en los labios y el deseo de volver a subir, el próximo sábado, al colectivo de Cecilia.
